Desplazados por la violencia: ¿Apatzingán a merced del crimen organizado?

La violencia en Apatzingán, Michoacán ha desplazado a cientos de personas, dejando pueblos fantasmas controlados hoy en día por el crimen organizado.

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Por: Abigail Tavira- Iveth Ortiz

La violencia desmedida en Apatzingán, Michoacán, ha provocado que muchas comunidades se conviertan en auténticos pueblos fantasmas, dejando a una población atrapada en un constante peligro.

Vivir en la región conocida como Tierra Caliente se ha vuelto un riesgo constante, y aquellos que permanecen en sus hogares lo hacen a merced de los constantes enfrentamientos y amenazas de grupos que se disputan el control de la zona.

Entre balas: La realidad de Apatzingán

A pesar de la inseguridad y la violencia que azotan la región, algunos habitantes se niegan a abandonar su hogar, como un habitante de la comunidad del Alcalde, quien a pesar de todo sigue luchando por mantener su tierra.

Sin embargo, esta resistencia no está exenta de sufrimiento. “Salgo, reporto y digo y ahí queda la cosa, y el problema es para mí, que no viene ninguna ayuda, no viene nada”, asegura.

Este testimonio refleja la desesperación de los habitantes que han sido ignorados por las autoridades. La falta de respuestas por parte del gobierno deja a las personas sin esperanza, atrapadas en un ciclo de violencia donde no hay salida.

Desplazados y pueblos vacíos en Michoacán

Uno de los efectos más graves de la violencia es el desplazamiento forzado. Hace solo 5 años, la comunidad del Alcalde era habitada por 344 personas. Según datos del INEGI, hoy solo quedan 20 residentes.

La situación es similar en otras localidades de la región, que enfrentan el éxodo de sus habitantes debido al narcoterrorismo y las amenazas de los grupos criminales, lo que ha provocado un impacto devastador en la economía local.

La agricultura y la ganadería han sufrido grandes pérdidas, y las escuelas han cerrado por la inseguridad. En El Alcalde, huertas de limón están en peligro de perderse por la falta de atención, ya que la gente ha tenido que abandonar la zona.

El control del crimen organizado en Michoacán

Los grupos criminales han logrado instaurar su propio control en áreas como El Guayabo. Aquí, hasta circular por el pueblo tiene un costo: 60 pesos que deben pagar los habitantes a los “halcones”, quienes vigilan y cobran a la población.

A pesar de la situación crítica, el gobierno de Ramírez Bedolla insiste en que la gente ha regresado a sus hogares porque ya hay seguridad. No obstante, la realidad es otra.

“La gente acá está sufriendo, mi comisión es el Desarrollo Rural, y el medio rural está vulnerable, tenemos comunidades con muchos desplazados, tenemos gente que no tiene a dónde ir, hemos tenido más migración que nunca” relató el Consejero Observatorio Regional.

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