La Llorona se ha convertido en una de las leyendas más importantes de México. Su historia ha alcanzado distintas regiones del país y el estado de Hidalgo no es la excepción, ya que hay una zona donde, según los testimonios, más se aparece en las madrugadas: Tulancingo.
Esta ciudad acumula relatos de personas que aseguran haber visto o escuchado los lamentos del fantasma de la mujer que clama por sus hijos, según un análisis de la Inteligencia Artificial (IA). Supuestamente, es en el río de Tulancingo donde más se escuchan los llantos.
La presencia de esta leyenda en la región no es reciente. De acuerdo con El Sol de Mexico, la historia que relatan los pobladores se remonta a la época de la Conquista. La cronista Lorenia Lira contó al medio citado que, en aquel entonces, el ente espiritual gritaba “¡Ay, mis hijos, lo que les va a pasar!” en lengua náhuatl, poco antes del genocidio contra los indígenas que habitaban la zona.
Según la IA de ChatGPT, Tulancingo no es el único punto de Hidalgo donde se han reportado apariciones de La Llorona. También se menciona a:
- Valle del Mezquital
- Tezontepec de Aldama
- Chilcuautla
¿Qué dice la leyenda de La Llorona?
La versión actual de la leyenda es muy distinta a la de su origen. De acuerdo con el Gobierno de Mexico, esta figura se asocia con la diosa Cihuacoatl, conocida también como “la madre de nuestros ancestros, los mexicas”.
Esta deidad tenía el don de la premonición y advertía sobre las guerras que estaban por ocurrir. Según información oficial, intentó alertar sobre la Conquista y prevenir a los indígenas llorando por sus hijos, quienes serían derrotados por los españoles.
Dónde está la verdadera tumba de La Llorona
La llamada tumba original de La Llorona se ubica en Dolores Hidalgo, en Guanajuato, según Milenio y Mexico Desconocido. Aunque no resguarda los restos de ninguna mujer, fue construida como un monumento dentro de la Hacienda Siete Reales.
Se dice que, durante años, los pobladores del lugar fueron atormentados por sus lamentos. Cuando edificaron esta tumba, pidieron a un sacerdote que la bendijera con la esperanza de que los gritos dejaran de escucharse en toda la región.