A pocos días del 14 de febrero, el ambiente se llena de flores, promesas y cenas a la luz de las velas . Sin embargo, en medio del entusiasmo por el regalo perfecto, surge una pregunta que pocos se atreven a formular: ¿La relación que estoy celebrando es realmente sana? Psicólogos sugieren que San Valentín es el momento ideal para realizar una introspección profunda. No se trata de buscar la perfección, sino de identificar si el vínculo que nos une a otra persona está construido sobre cimientos de seguridad emocional o si, por el contrario, estamos ignorando señales que desgastan nuestra salud mental.
¿Por qué no debemos normalizar las “red flags”?
Las señales de alerta son comportamientos que indican dinámicas potencialmente dañinas. Ignorarlas bajo la premisa de que "el amor lo puede todo" es uno de los errores más comunes. Según el psicólogo John Gottman, existen predictores fuertes de ruptura que destruyen la seguridad de la pareja:
Desprecio y falta de respeto: Descalificar las emociones del otro o utilizar el sarcasmo para herir.
Comunicación agresiva u obstrucción: Cerrarse emocionalmente o utilizar el silencio como una forma de castigo.
Control disfrazado de interés: Celos excesivos o el intento de aislar a la pareja de sus amigos y familiares.
Gaslighting: Manipulación que hace que la persona dude de su propia percepción de la realidad.
¿Cuáles son las “green flags” de mi pareja? (Vas por buen camino)
Por fortuna, el amor saludable también deja rastro. Las green flags son indicadores de que la relación suma bienestar y permite el crecimiento individual.
Respeto por la individualidad: Una pareja sana permite que cada integrante mantenga su propia identidad y espacios personales sin sentimientos de culpa.
Resolución de conflictos con madurez: La capacidad de discutir diferencias sin recurrir a insultos o manipulaciones.
Empatía y gratitud: Pequeños gestos diarios que validan el esfuerzo del otro y refuerzan el vínculo a largo plazo.
¿Por qué el cerebro ignora las alertas en San Valentín?
La psicóloga Lara Ferreiro explica que, en fechas como el 14 de febrero, el cerebro se vuelve particularmente vulnerable. La liberación de hormonas vinculadas al apego y la presión social por la "idealización romántica" pueden llevarnos a justificar conductas tóxicas. Existe la falsa creencia de que reflexionar sobre las fallas es un acto de desconfianza, cuando en realidad es un acto de autocuidado.
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