La situación sanitaria en el estado de Veracruz ha alcanzado un punto crítico que diversos sectores de la sociedad civil califican como una gestión autoritaria de los insumos médicos, donde el acceso a servicios básicos de salud se ha visto severamente restringido.

Organizaciones sociales y colectivos ciudadanos han levantado la voz para señalar un abandono sistemático en la atención de las personas que viven con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) , advirtiendo que la entidad se encuentra al borde de una emergencia de salud pública sin precedentes al inicio de este nuevo ciclo anual.

Veracruz enfrenta una crisis de VIH con un aumento del 400% en contagios trimestrales

Uno de los fenómenos más preocupantes identificados por los especialistas es la transformación demográfica de la epidemia en la región. Actualmente, se observa una marcada tendencia hacia la feminización del virus, lo que implica que el sector femenino representa una proporción cada vez mayor de la población afectada.

Las estadísticas son alarmantes: trimestralmente se detectan entre tres centenares y cuatro centenares de contagios adicionales, una cifra que alimenta la presión sobre un sistema de salud que ya muestra signos de agotamiento y negligencia.

Ausencia de estrategias de prevención del VIH en hospitales de Veracruz

La ausencia de estrategias de prevención es evidente en la infraestructura hospitalaria estatal. Al recorrer los centros médicos y clínicas de la entidad, destaca la inexistencia total de materiales informativos o campañas visuales que fomenten el autocuidado o promuevan métodos de barrera como el preservativo.

Esta falta de difusión es apenas la superficie de una problemática estructural más profunda que involucra tanto a la administración estatal como a las autoridades sanitarias federales.

Durante el periodo correspondiente al año 2025, el déficit de herramientas de detección oportuna agravó el panorama. Las pruebas diagnósticas, cuya responsabilidad recae directamente en la Secretaría de Salud y los centros especializados conocidos como Capacits, resultaron insuficientes. Estas unidades no solo fallaron en la detección, sino también en su función primordial de suministrar terapias antirretrovirales.

Falta de medicamentos y herramientas de detección amenaza con colapsar el sistema de salud estatal

De los cinco recintos encargados de atender a una población superior a los 12 mil 700 pacientes, dos sufrieron periodos prolongados de estanterías vacías. La respuesta recurrente ante la demanda de los ciudadanos fue la confirmación de la inexistencia total de fármacos.

Esta carencia de medicamentos ha tenido consecuencias fatales. El desabasto no es una simple cifra administrativa; se traduce en el fallecimiento de personas cuyas vidas se extinguen ante la indiferencia gubernamental.

A este sombrío escenario se sumó la falta de fórmulas lácteas alternativas, insumo vital para madres que, debido a su condición de salud, no pueden lactar para evitar la transmisión del virus a sus hijos.

Durante el cierre del año previo, la escasez de este sustituto obligó a la población civil a organizar colectas de emergencia para cubrir un vacío que el Estado no pudo o no quiso llenar.

Los datos históricos posicionan a Veracruz en una situación de vulnerabilidad extrema a nivel país. La entidad ostenta el primer lugar nacional en número de mujeres con el virus y ocupa la segunda posición en detección de casos recientes.

Además, con un acumulado que superaba los 15 mil 400 registros al finalizar el año 2024, el estado es el tercero con mayor carga histórica de contagios. La combinación de estas estadísticas y la actual inacción gubernamental perfilan un año 2026 de gran incertidumbre para la estabilidad sanitaria de la población veracruzana.