Cerca de ocho millones de venezolanos han tenido que abandonar su patria, dejando atrás familias y vidas enteras para escapar de un régimen que les arrebató todo, incluso el miedo. Hoy, desde el exilio en México , alzan la voz y no temen confrontar a quienes, desde la libertad, intentan defender la dictadura de Nicolás Maduro.

El choque de realidades ocurrió el pasado sábado frente a la Embajada de Estados Unidos en la CDMX. Un grupo de personas protestaba contra la detención del dictador venezolano, calificándola de “invasión”. Fue ahí donde Pastor Oviedo, ciudadano venezolano, los encaró.

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Al cuestionar a los manifestantes sobre su presencia, Pastor descubrió que se trataba de simpatizantes de Morena. La indignación fue inmediata.

"¿Cómo es posible que alguien venga para acá para defender a un narcotraficante y un terrorista ?”, les reclamó Oviedo, evidenciando la desconexión entre la ideología política de los manifestantes y la realidad criminal que se vive en Venezuela.

La mordaza digital: “Te revisan el WhatsApp”

Para los exiliados como Pastor y Pedro González (quien lleva 12 años en México), la defensa del régimen es un insulto a las libertades perdidas. Relatan cómo la Comisión Nacional de Telecomunicaciones y la policía funcionan como brazos de censura brutal.

“En cualquier esquina te pueden parar, te piden el teléfono y escriben ‘Maduro’ en el buscador de WhatsApp... dependiendo de lo que digas, te pueden llevar preso”, narra Pastor.Pedro agrega que la vigilancia llega a tal grado que mensajes privados son interceptados y usados como prueba para despedir o perseguir a empleados: “Pedí un screenshot de lo que escribiste y me lo mandaron”, cuenta sobre conocidos que trabajaron en el gobierno.

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El trauma de la escasez

Más allá de la censura, está el hambre. Ambos recuerdan la humillación de comprar comida condicionada al número de cédula o a la lealtad política ("si eres pro o contra del Estado").

Pero el golpe de realidad más duro para Pedro ocurrió en un supermercado mexicano, cuando su madre lo visitó por primera vez tras años de racionamiento.

“Se paró frente al refri de los yogures y me preguntó si podía escoger uno... Yo le dije: ‘Coge lo que te dé la gana’”, relata Pedro, ilustrando cómo el régimen ha normalizado la miseria a tal grado que la libertad de elegir un simple alimento parece un sueño imposible.

Según la ACNUR, la crisis ha expulsado a 8 millones de personas. "¿A nadie le llama la atención la cantidad de venezolanos regados por el mundo?”, cuestiona Pastor.

Para Pedro, y para millones más, la respuesta es simple: llegaron aquí con maletas y sueños, huyendo de un sistema que algunos todavía se atreven a defender.