En el papel y en los discursos oficiales, las Universidades del Bienestar Benito Juárez son un éxito. En la realidad que enfrentan sus alumnos, son escuelas “fantasma”, sin instalaciones propias, que operan en edificios prestados o, peor aún, que obligan a cancelar clases por falta de techo.

Fuerza Informativa Azteca investigó y encontró un patrón de abandono e improvisación que afecta a miles de jóvenes, desde el Estado de México hasta el corazón de la capital.

Temoaya, Edomex: La universidad “prestada”

En el municipio de Temoaya, Edomex, la UBBJ opera de milagro. No tiene sede propia; funciona “de arrimada” en las instalaciones de la Universidad Intercultural, donde les prestan unas cuantas aulas.

“Mire, aquí son dos escuelas... la sede definitiva está abajito, ahí nos vamos a pasar en agosto”, confesó personal del plantel en cámara escondida.

Sin embargo, al visitar la supuesta “sede definitiva”, la realidad golpea: aunque el portal oficial dice que es “completamente operacional” desde hace dos años, el campus sigue en construcción. Faltan al menos 8 meses de obra, lo que condena a los estudiantes a seguir en la incertidumbre.

CDMX: De la escuela a las ruinas

La situación es más crítica en el Campus Cuauhtémoc, en la Ciudad de México. Los alumnos iniciaron el 2026 con una noticia devastadora: ya no pueden ocupar el edificio del Centro Histórico donde tomaban clases.

¿La solución de Raquel Sosa, directora del programa? Mudarse al antiguo Hotel Posada del Sol, en Avenida Niños Héroes.

El problema es que ese inmueble es famoso no por su historia, sino por su abandono. Es un edificio grafiteado, con ventanas rotas y estructuralmente cuestionable.

“Han venido arquitectos e ingenieros... pero después ya no dijeron nada”, comentan vecinos de la zona.

Mientras se habilita este lugar “en ruinas” (lo cual tardaría meses), los estudiantes enfrentan la posibilidad real de perder el semestre por no tener dónde sentarse a estudiar.

¿Educación o trampa electoral?

Organizaciones como Educación con Rumbo advierten que esto no es casualidad. De las 215 sedes presumidas, denuncian que solo 120 tienen certeza jurídica.

“Se está generando una matrícula de jóvenes... haciendo un donativo clientelar pensando en las elecciones del 2027", acusó Paulina Amozurrutia, directora de la organización.

Entre obras inconclusas y edificios inhabitables, la promesa de la “educación para el pueblo” se está quedando, literalmente, en la calle.