Una tradición que data de más de 400 años en San Juan de la Vega, en Celaya, Guanajuato, impresiona a locales y a turistas: los “truenos”, jóvenes que golpean mazos especialmente preparados que impactan contra superficies duras en honor a un santo patrono: San Juanito de los Barrios, un día antes del Miércoles de Ceniza.

El estruendoso sonido proviene de una acción cuando los arrieros del pueblo repelieron a saqueadores coloniales con rudimentarios explosivos. ¿Pero usan pólvora u otro explosivo?

Clorato y Azufre: La química detrás de los estruendos ensordecedores

Eleuterio Vallejo Silva, habitante de San Juan de la Vega, explicó a Azteca Noticias que usan clorato de potasio y azufre, los cuales colocan en paquetes en los mazos. Dicha mezcla, al ser sometida a la fricción y al impacto, causa las explosiones.

Ya preparados con estos mazos y las sustancias, jóvenes usan todas sus fuerzas para estrellarlos contra superficies duras en terrenos agrícolas, generando estruendos ensordecedores.

“Pura herencia familiar”: Los testimonios de quienes arriesgan la vida por fe

José Antonio Elías López, participante de la tradición de los truenos, declaró que toda su familia ha participado en golpear los mazos. Todos mis tíos, mi papá, mis abuelos”. Añadió que “eso ya viene de herencia” y que no le da miedo: “Pura adrenalina”, refirió.

La celebración atrae decenas de personas que ignoran los peligros. Preparan mazos en parques y campos, listos para detonarlos en un ritual que define su identidad. Cada trueno evoca batallas pasadas y fortalece lazos familiares, aunque las autoridades intentan regularla sin éxito.

El saldo del ritual: Lesiones, amputaciones y la resistencia a la regulación

Juan Pablo Romero, otro participante, relata su experiencia: “Hace dos años me llevaron hasta el hospital porque me hice una lesión en el pie, fueron 30 puntadas”. A pesar de lo que sufrió, sigue practicando la tradición en honor al santo patrono.

Año tras año registran quemaduras, lesiones graves y amputaciones. Los lesionados regresan al ritual, priorizando la tradición. Salvador Yerena, habitante local, defiende su permanencia y las autoridades no podrán removerla a pesar de los peligros y el arraigo entre la población.