Lo que hoy nos presentan bajo la idea de una "evolución democrática" es, en realidad, el asalto final al voto ciudadano. Proponer una Reforma Electoral desde las entrañas del régimen no es un avance; es un retroceso al PRIato.
En esencia, nos están vendiendo la “Ley Díaz Ordaz” reciclada. En 1963, el régimen inventó los “diputados de partido” prometiendo pluralidad. La idea sonaba bien: cualquier partido de oposición que lograra el 2.5% de los votos recibía automáticamente asientos en el Congreso. Parecía una apertura, pero era una trampa de control.
El PRI decidió de antemano cuánta oposición quería y dónde limitarlo, pues nunca podían pasar del 15% de la Cámara. Esa minoría controlada solo servía de fachada para que el mundo creyera que había una alternancia, mientras el Presidente seguía teniendo el control total. Básicamente, eran diputados de adorno para legitimar órdenes directas.
La sobrerrepresentación de Morena en 2024
Hoy, el régimen guinda aplica la misma receta con un truco más sofisticado. Para entender el peligro, hay que recordar lo que hicieron en las elecciones de 2024. Morena y sus aliados obtuvieron el 54% de los votos; lo lógico sería que tuvieran poco más de la mitad de los diputados, pero terminaron quedándose con el 73% de la Cámara.
¿Cómo lo hicieron? Se repartieron los candidatos de forma mañosa: aunque todos eran del mismo equipo, se registraron como si fueran de partidos distintos (PT y PVEM) para burlar el límite de la ley. Así, con poco más de la mitad de los votos reales, se fabricaron una mayoría que la ciudadanía no les dio en las urnas, pero que hoy les permite cambiar la Constitución a su antojo.
Quitar a la oposición es quitarle la voz a la sociedad
Lo que propone esta nueva reforma es convertir esa "maña" en una regla permanente. Quieren reducir el número de legisladores y cambiar el reparto para que el partido que gane se lleve casi todo, dejando a la oposición sin fuerza real. Pero ojo: quitarle espacio a la oposición no es castigar a un partido político, es quitarle la voz a la sociedad. Significa que en México solo existirá una visión: la del partido en el poder.
Quizás hoy pienses que no te importa, que total, todos los políticos son iguales. Pero no podemos caer en ese cinismo. Llevamos décadas luchando por una democracia precisamente para evitar esto; para tener un sistema donde todos puedan participar, donde haya rendición de cuentas y, sobre todo, donde exista pluralidad de voces. Todo ese progreso está en riesgo por una reforma hecha por ellos y para ellos.
Blindaje para el poder, no para la gente
Al final, esto te afecta a ti. Porque mañana, cuando quieras quitar a un diputado, a un senador o a un presidente corrupto, con estas reglas será prácticamente imposible. Si ya controlan la Presidencia, el Congreso y la Corte, esta reforma no es para que vivas mejor, es para que ya nadie les quite el poder.
No permitamos que el futuro de México se decida en una mesa de repartos, porque cuando el voto deja de ser un contrapeso, la democracia se convierte en el negocio de unos cuantos. No olvidemos la historia, porque estamos a un paso de repetirla.