Cuando los médicos cubanos llegan a México, lo hacen con más que su bata blanca: traen consigo un sistema de esclavitud disfrazado de ayuda humanitaria. Bajo el programa de misiones médicas, el régimen de La Habana convierte a sus profesionales en mercancía, pagando migajas mientras exporta su talento para financiar su dictadura.
Misiones médicas en Cuba
Cuba le vende al mundo una utopía: excelencia médica, pero detrás de eso se esconde la explotación de seres humanos más lucrativa del régimen comunista.
Tras la caída del bloque soviético, Fidel Castro entendió que, para que la dictadura sobreviviera, necesitaba un producto que nadie pudiera sancionar: seres humanos.
Así nació el programa de misiones médicas: un sistema de tráfico de personas y esclavitud disfrazado de humanitarismo que hoy genera, pero para que este negocio funcione, primero hay que fabricar al esclavo.
“Cuando empezaron las misiones, regalaban prácticamente la carrera de medicina. Ya los muchachos no estudiaban con un cadáver delante, como era en mi época, en los estudios de anatomía, por ejemplo; ya era con un computador. No es lo mismo; la preparación no es la misma. Es una educación de mala calidad, es una educación que te adoctrina, que no te enseña y no te aporta nada porque cuando sales al mundo, te das cuenta de que lo que estudiaste no sirve; estamos atrasados”
Eso significa algo muy simple: el médico que te atiende puede no estar formado como crees y el plan maestro no termina en el aula; para que un médico acepte ser enviado cobrando una miseria, el régimen debe asegurarse de que no tenga otra opción.
La trampa se cierra en el bolsillo; el Estado crea la pobreza extrema para luego venderte la ‘misión’ como tu única tabla de salvación.
“Todo el mundo quería irse de misión porque era la única manera de tener un poquito más de dinero de salario... Era la única manera de tú prosperar, de tú poder comprar tu microondas, de poder comprarle a tu mamá una cocina de gas, de tú poder amueblar tu casa quizá. Me tuve que ir”.
El salario del médico cubano
Por cada médico que trae, ese médico recibe migajas. “El salario en aquella época era, creo que eran 420 pesos cubanos, que es, si mal no recuerdo, al mes”.
El resto del dinero sale del país, no se invierte en hospitales mexicanos ni en preparar médicos mexicanos, ni en medicinas ni en equipo; se va a la cúpula de la dictadura cubana con dinero de tus impuestos, se financia un sistema que no mejora tu atención. Con una mano el régimen crea médicos sin insumos y con la otra los renta al mejor postor.
“A nosotros nos dicen los esclavos médicos. Éramos esclavos dentro de Cuba y sales de Cuba y sigues siendo esclavo”.
Este es el origen: un sistema que canibaliza el talento de su gente para financiar una dictadura. Y el verdadero negocio comenzó cuando este diseño encontró su primer gran cajero automático: Venezuela.