La última vez que un ser humano pisó la superficie lunar fue en diciembre de 1972, durante la misión Apolo 17. Desde que el astronauta Eugene Cernan dejó sus huellas en el polvo gris, han pasado más de 50 años de silencio en nuestro satélite natural. Esta larga pausa genera una pregunta recurrente en la opinión pública: si la tecnología ha avanzado exponencialmente desde los años 60, ¿por qué resulta tan difícil volver a la Luna?
Más de 50 años de silencio: ¿Por qué la humanidad no ha regresado a la Luna?
La respuesta corta no tiene que ver con cohetes ni computadoras, sino con decisiones humanas. Los expertos y exadministradores de la NASA coinciden en que las barreras principales son el presupuesto y la inestabilidad política, no la ingeniería aeroespacial.
Durante la carrera espacial de la Guerra Fría, Estados Unidos destinaba casi el 5% de su presupuesto federal a la NASA. Hoy, esa cifra ronda apenas el 0.4%. Sin esa inyección masiva de capital, mantener un programa lunar activo resulta insostenible para cualquier administración.
De la Guerra Fría a la burocracia: El "freno de mano" de la inestabilidad política
El programa Apolo tuvo un costo astronómico que los gobiernos actuales no están dispuestos a asumir de la misma manera. En aquel entonces, el objetivo era ganar una carrera geopolítica contra la Unión Soviética. Una vez que Estados Unidos plantó la bandera , la motivación política (y con ella el financiamiento ilimitado) se desvaneció.
Jim Bridenstine, exadministrador de la NASA entre los años 2018 a 2021, declaró en 2018 ante la prensa estadounidense una realidad contundente sobre estos retrasos: “Si no fuera por el riesgo político, estaríamos en la Luna ahora mismo. De hecho, probablemente estaríamos en Marte ”.
Bridenstine resaltó que los programas espaciales requieren décadas de desarrollo, pero los ciclos políticos cambian cada cuatro u ocho años, lo que provoca cancelaciones y recortes constantes de presupuesto que frenan el progreso técnico.
Seguridad extrema: ¿Por qué hoy somos más reacios al riesgo que en 1969?
Más allá del dinero, la tolerancia al riesgo ha cambiado drásticamente. En los años 60, la sociedad y el gobierno aceptaban una probabilidad de fracaso mucho más alta. Hoy, la NASA prioriza la seguridad de la tripulación por encima de la velocidad. Los ingenieros actuales diseñan sistemas con márgenes de error mínimos, lo que inevitablemente alarga los tiempos de desarrollo y encarece los procesos.
Además, el objetivo ha cambiado. La NASA ya no busca simplemente “ir y volver” para tomar una foto. La nueva meta es establecer una presencia permanente. Esto implica construir infraestructura habitable, desarrollar trajes espaciales de nueva generación y crear una estación en órbita lunar. Hacer esto de forma segura y sostenible es infinitamente más complejo que las misiones para colocar una bandera en el siglo pasado.
Artemis vs. Apolo: El ambicioso plan para una base lunar permanente
Actualmente, la humanidad mira de nuevo hacia arriba con el programa Artemis . Sin embargo, este proyecto enfrenta desafíos técnicos significativos. La NASA depende ahora de socios comerciales como SpaceX y de la colaboración internacional para lograrlo.
El desarrollo del nuevo cohete Space Launch System (SLS) y la nave Orion ha sufrido múltiples retrasos y sobrecostos que confirman la teoría: el espacio es difícil, pero la burocracia lo es aún más.
El regreso a la Luna servirá esta vez como un campo de entrenamiento para el verdadero “gran salto”: Marte.