La ciencia ha encontrado un aliado inesperado en la lucha contra las enfermedades : las larvas de la polilla de la cera, conocidas científicamente como Galleria mellonella.
Estas pequeñas criaturas están dejando de ser vistas solo como insectos comunes para convertirse en un modelo de estudio fundamental en los laboratorios de todo el mundo.
La polilla de la cera se convierte en un modelo clave en la investigación médica
Su uso representa un avance emocionante porque permite entender cómo funcionan las infecciones humanas sin tener que recurrir siempre a ratones o ratas, ofreciendo una alternativa mucho más económica y ética.
Uno de los mayores beneficios de trabajar con estas larvas es su sorprendente compatibilidad con la biología humana . A diferencia de otros insectos, estas orugas pueden vivir perfectamente a una temperatura de 37 grados Celsius, que es exactamente la temperatura de nuestro cuerpo.
Esto permite a los científicos observar cómo se comportan las bacterias y hongos que nos enferman en un ambiente muy similar al nuestro. Además, las larvas tienen una forma muy curiosa de avisar cuando están enfermas: cambian de color mediante un proceso llamado melanización.
Este indicador visual funciona como un semáforo que permite a los investigadores saber, a simple vista, si una infección está ganando la batalla o si un tratamiento está funcionando.
Las larvas ofrecen un método más ético que modelos tradicionales como ratones
A pesar de estas grandes cualidades, las orugas tenían una desventaja frente a otros animales de laboratorio como el pez cebra o la mosca de la fruta : no contaban con herramientas para modificar su genética. Hasta ahora, esto impedía que los científicos pudieran explorar todo su potencial.
Sin embargo, una nueva investigación de la Universidad de Exeter ha logrado romper esta barrera. Los expertos desarrollaron métodos para insertar o eliminar genes con una precisión asombrosa utilizando tecnologías conocidas como PiggyBac y CRISPR-Cas9.
Nuevas técnicas genéticas amplían el potencial de las larvas para combatir superbacterias
Gracias a estos avances, ahora es posible crear larvas modificadas genéticamente que, por ejemplo, brillen cuando detectan una infección, funcionando como biosensores en tiempo real.
Este salto tecnológico significa que las larvas de polilla ya no son solo un modelo secundario, sino una herramienta de alta precisión. Al poder manipular sus genes, los científicos pueden entender mejor cómo responde el sistema de defensa natural ante ataques de superbacterias como el Staphylococcus aureus o el hongo Candida albicans.
Esto acelera significativamente la búsqueda de nuevas curas contra la resistencia a los antibióticos, que es una de las mayores amenazas para la salud mundial hoy en día.
Democratización de la ciencia
En resumen, estamos ante el inicio de una nueva etapa en la investigación médica. El uso de estas orugas no solo reduce la necesidad de experimentar con mamíferos, sino que también democratiza la ciencia al ser un modelo accesible y fácil de mantener.
Con la posibilidad de modificar su ADN, las larvas de la polilla de la cera se posicionan como el puente perfecto entre las pruebas en células y los estudios complejos, ayudando a que el descubrimiento de nuevas medicinas sea más rápido, humano y eficiente.