Mientras el mundo presume avances que parecen sacados de la ciencia ficción, México enfrenta algo más terrenal, pero igual de preocupante: su ausencia en los foros donde se define el futuro. La edición 2026 de la tradicional feria de electrónicos de Las Vegas dejó claro que la tecnología ya no es promesa, sino presente, y que los robots humanoides son los nuevos protagonistas.
Los robots dominan la escena tecnológica
El evento en Las Vegas se convirtió en una vitrina del futuro inmediato. Empresas de todo el mundo presentaron desarrollos en inteligencia artificial y robótica avanzada, destacando humanoides capaces de interactuar, aprender y comunicarse con personas.
Uno de los momentos más llamativos fue la aparición del robot Figure 03, un humanoide diseñado en Estados Unidos que incluso emitió un mensaje sobre educación y tecnología, posicionándose como símbolo de una nueva era donde las máquinas no solo ejecutan tareas, sino que también comunican ideas.
En paralelo, en la Casa Blanca, la primera dama Melania Trump sorprendió al desfilar junto a un robot humanoide durante una cumbre tecnológica enfocada en educación e innovación. El mensaje fue claro: el futuro ya está aquí, y los países que no se suban a esta ola podrían quedarse rezagados.
México, fuera de la conversación global
Sin embargo, mientras 45 países participaron en este encuentro de alto nivel, México brilló por su ausencia. No hubo representación en una cumbre que buscaba impulsar la colaboración internacional en tecnología y educación.
Este hecho no ocurre en aislamiento. Recientemente, México tampoco fue convocado a la Cumbre de Seguridad Hemisférica, lo que refuerza una narrativa internacional cada vez más crítica hacia el país.
La percepción internacional: un obstáculo creciente
Diversas voces internacionales han contribuido a una percepción negativa sobre México. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que amplias zonas del país están bajo control del narcotráfico, señalando incluso que los cárteles influyen en distintos niveles de gobierno.
A esta visión se suman acciones concretas. En Argentina, el gobierno de Javier Milei clasificó al Cártel Jalisco Nueva Generación como organización terrorista, buscando frenar su impacto financiero y criminal. En Ecuador, el presidente Daniel Noboa ha advertido sobre la expansión del crimen organizado y sus vínculos internacionales.
Por su parte, Laura Fernández, presidenta electa de Costa Rica, fue contundente al señalar que su país no quiere replicar el escenario mexicano, al que considera un ejemplo de lo que debe evitarse.
Tensión política y señalamientos internos
Dentro de México, el clima político tampoco ayuda a revertir esta percepción. En el Senado, la discusión sobre la reforma electoral derivó en acusaciones directas entre legisladores. La senadora Lilly Téllez denunció presuntos vínculos entre actores políticos y el crimen organizado, lo que desató un enfrentamiento verbal con otros senadores.
A esto se suman señalamientos de otros legisladores, como Mayuli Latifa, quien presentó listas de presuntos nexos entre políticos y grupos criminales, elevando aún más la tensión.
Violencia y presión sobre voces críticas
El problema no solo es discursivo. Figuras como el activista Julián LeBarón han denunciado amenazas tras expresar aspiraciones políticas, en un contexto donde la violencia sigue marcando la agenda nacional.
Casos como el ataque en Bavispe, donde murieron mujeres y niños de su comunidad, siguen siendo recordatorios de la gravedad del problema de seguridad.
La combinación de violencia, acusaciones de corrupción y tensiones políticas ha construido una imagen internacional que pesa cada vez más. Esto no solo afecta la diplomacia, sino también la participación de México en espacios clave para el desarrollo tecnológico y educativo.
Mientras el mundo avanza hacia una nueva era dominada por la inteligencia artificial y la robótica, la pregunta es inevitable: ¿podrá México revertir esta percepción y volver a sentarse en la mesa donde se diseña el futuro?