Lo que se anunció como el "oro blanco" de la soberanía energética mexicana ha terminado siendo un pozo sin fondo para el erario. Litio para México (LitioMx), el organismo descentralizado creado con bombo y platillo durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, opera hoy en números rojos, atrapado en la inoperancia y el gasto burocrático.

A tres años de su fundación, el balance es desolador: cero inversión privada y cero proyectos de extracción en marcha. Sin embargo, la falta de actividad no ha impedido que la paraestatal despilfarre más de 40 millones de pesos, destinados exclusivamente al pago de salarios de una estructura administrativa que no tiene una mina que supervisar.

Soberanía en el papel, parálisis en la tierra

Desde que se aprobó la reforma a la Ley Minera, el Estado mexicano acaparó la exploración, explotación y aprovechamiento del litio, cerrando la puerta a la participación de particulares bajo el argumento de la seguridad nacional. El resultado, lejos de ser la bonanza prometida, ha sido la parálisis total de la industria.

Mientras países como Chile y Argentina aceleran su producción para satisfacer la demanda mundial de baterías, en México la extracción está detenida. El monopolio estatal ha ahuyentado la inversión necesaria para la compleja tecnología de separación del litio en arcilla que es predominante en Sonora, dejando a la nación fuera de la carrera tecnológica global.

Nómina de lujo para una empresa sin producción

Resulta alarmante que, sin haber generado un solo peso de ingresos por comercialización o explotación, LitioMx mantenga un ritmo de gasto millonario. Los más de 40 millones de pesos reportados en servicios personales evidencian una estructura de funcionarios que cobran puntualmente mientras el litio sigue enterrado.

Esta situación retrata la realidad de una "falsa soberanía": un organismo que sirve para colocar piezas políticas en su organigrama, pero que carece de la capacidad técnica y financiera para convertir el recurso natural en una realidad económica para el país. México tiene el litio, pero bajo este esquema, solo tiene una paraestatal que vive del presupuesto sin entregar resultados.