México, donde se puede encontrar el objeto de alguien de renombre, pero madres y padres encuentran los huesos de sus hijos desaparecidos. Son ellas y ellos que con sus manos y recursos salen cada día a encontrar las pistas que el Estado no puede, no quiere, no intenta o al menos no da resultados. Abraham salió de casa a trabajar y nunca volvió, don Gustavo solo quiere que le entreguen “un huesito” de él. Esto es el día a día de este país.

Un dolor que no conoce el descanso

La historia de Gustavo no es un caso aislado, sino el crudo espejo de una catástrofe humana que se repite de forma incesante en todo el territorio nacional. Este hombre describe su existencia actual como la de alguien que está muerto en vida, atrapado en un sufrimiento que las palabras no alcanzan a dimensionar.

Su pesadilla personal comenzó el 14 de abril de 2024, fecha en la que su hijo, Abraham Said Hernández del Razo, de 33 años, fue visto por última vez en el estado de Nuevo León.

De acuerdo con los pocos datos que Gustavo ha logrado recabar, su hijo se dirigió a trabajar al municipio de Escobedo a bordo de un taxi. El rastro de Abraham se perdió definitivamente en una plaza comercial de dicha zona. Desde aquel momento, el vacío informativo ha sido absoluto.

A pesar de mantener un contacto constante con la comisión de búsqueda de Monterrey, el padre denuncia que, hasta el día de hoy, no ha recibido una sola respuesta clara o un avance significativo que le permita saber qué ocurrió con su hijo en aquel centro comercial.

El ruego de un padre ante la indiferencia institucional tras la desaparición de su hijo

Ante la parálisis de las investigaciones, Gustavo se unió a decenas de familias que comparten el mismo destino para buscar una interlocución directa con el Gobierno Federal. En abril de 2025, el grupo de padres sostuvo un encuentro con la secretaria de Gobernación para demandar soluciones concretas.

Fue en esa reunión donde Gustavo, con el corazón roto, lanzó una petición que resume la desesperación de miles: imploró que le entregaran aunque sea un pequeño resto óseo de su hijo. Su único deseo a estas alturas es poseer “un huesito” que le confirme el paradero de Abraham y le permita brindarle una cristiana sepultura.

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Sin embargo, la esperanza que pudo nacer de aquel diálogo se ha marchitado con el tiempo. Ha transcurrido ya un año desde ese encuentro con la funcionaria y el expediente de Abraham Said sigue sin registrar movimientos.

Gustavo manifiesta una profunda confusión e impotencia, asegurando que las autoridades cuentan con todos los elementos técnicos y humanos para darle la tranquilidad que necesita, pero los resultados simplemente no llegan. Esta falta de respuestas es la constante que enfrentan la mayoría de las familias de personas no localizadas en el país.

El “récord Guinness” de desaparecidos que nadie quería ostentar

Movido por la desesperación, el coraje y la sensación de abandono, Gustavo decidió llevar su protesta hasta las puertas de Palacio Nacional. En un acto cargado de simbolismo y amargura, entregó un falso récord Guinness que reconoce a México por una cifra aterradora: los 133 mil desaparecidos que se contabilizan en la nación. Para este padre, el reconocimiento ficticio es la única forma de visibilizar la magnitud de una crisis que las autoridades parecen no poder contener.

La exigencia de Gustavo es simple pero devastadora: que le regresen algo de su hijo para poder descansar. A sus ojos, el Estado ha fallado en su responsabilidad primordial de brindar seguridad y justicia, dejando a miles de padres como él sumidos en un ciclo eterno de búsqueda e incertidumbre donde la máxima aspiración ya no es encontrar a un ser querido con vida, sino apenas recuperar un fragmento que les permita cerrar el duelo.