Durante siglos, el iglú fue símbolo de ingenio, supervivencia, además de adaptación extrema al clima del Ártico. Aunque en la actualidad ya no se utiliza como vivienda permanente, sigue ocupando un lugar central en la identidad de las comunidades inuit, que ahora combinan su herencia ancestral con tecnologías limpias y sostenibles.

Para Beatrice Bernhardt, esta transición es profundamente personal. Nacida en un iglú en 1953, ella dice que forma parte de la última generación que llegó al mundo en estas estructuras de nieve. Originaria de la comunidad inuit, un pueblo seminomada que habita regiones árticas como Alaska, Groenlandia y Canadá, Bernhardt representa el puente entre dos épocas.

¿Por qué el iglú sigue siendo importante para los inuit?

Aunque su uso como hogar quedó atrás, el iglú mantiene un valor cultural y práctico. “El iglú es parte de mí, estoy profundamente conectada a él”, revela Bernhardt, quien tras estudiar fuera del Ártico regresó a Yellowknife, capital de los Territorios del Noroeste de Canadá.

Más allá del simbolismo, el conocimiento para construir un iglú sigue siendo una herramienta de supervivencia en situaciones extremas, una herencia transmitida entre generaciones.

Energía solar y movilidad eléctrica en el extremo norte

Lejos de rechazar el progreso, Bernhardt es una firme defensora de la tecnología verde; actualmente participa en pruebas de paneles solares en Yellowknife, una región donde también avanzan instalaciones de puntos de carga para vehículos eléctricos: “Usamos lo que tenemos. Si podemos aprovechar tecnologías que nos permitan vivir aquí de forma más sostenible, las vamos a adoptar”, explica. Su postura refleja una visión pragmática: adaptarse sin perder identidad.

La visión de las nuevas generaciones inuit

Esa idea también la comparte Devon Alloloo, cazador y guía de supervivencia, representante de una generación más joven; para él, herramientas modernas como motonieves y comunicaciones satelitales son esenciales en el Ártico actual: “Hay que mantenerse al día. Antes usaban trineos con perros; hoy usamos motonieves”, señala. Sin embargo, subraya que las técnicas tradicionales siguen siendo vitales: “Sé construir un iglú si estoy en una situación de emergencia”.

La convivencia entre tradición ancestral y tecnología limpia define hoy el camino de los inuit. En un mundo marcado por el cambio climático, su ejemplo plantea una pregunta clave: ¿puede el futuro ser sostenible sin olvidar las raíces del pasado?