Lo que debería ser un centro de vanguardia para la atención de urgencias y traumatismos en el corazón de la capital, se ha convertido en el reflejo de un sistema de salud que agoniza . El Hospital General Balbuena, ahora adscrito al esquema IMSS-Bienestar, opera bajo condiciones críticas donde la falta de equipo, personal e insumos básicos obliga a los médicos a tomar decisiones de vida o muerte “a ciegas”.

El vacío tecnológico: Dos años sin tomógrafo

Para un hospital que recibe diariamente a víctimas de atropellamientos, hechos violentos y traumatismos graves, la tomografía es una herramienta de supervivencia. Sin embargo, los testimonios del personal médico —quienes solicitan el anonimato y la distorsión de su voz por temor a represalias— revelan una realidad cruda: el tomógrafo no funciona desde hace dos años y medio.

“Cuando la vida está en peligro, se mete a quirófano o se toman decisiones a ciegas porque no contamos con el estudio. Se pone en riesgo la vida del paciente”, confiesa un médico especialista de la institución.

A esta carencia se suma la falta de ultrasonidos y equipos de Rayos X, dejando a los profesionales de la salud sin el “mínimo indispensable” para realizar diagnósticos precisos.

Quirófanos detenidos y falta de manos

La crisis no es solo de grandes aparatos. En un recorrido por el área de hospitalización, se detectó que pacientes con heridas graves no pueden acceder al sistema V.A.C. (terapia de cierre asistido por vacío), un dispositivo esencial para mantener las lesiones limpias mediante succión. Sin este equipo, heridas que deberían sanar terminan infectándose, obligando a los pacientes a someterse a cirugías repetitivas que podrían haberse evitado.

La falta de manos es igual de grave que la falta de máquinas. En una jornada común, cirugías programadas para las 7:00 de la mañana sufren retrasos de más de tres horas por un motivo inverosímil: la ausencia de enfermeras. Según los testimonios, se han registrado momentos donde solo existen dos enfermeras para cubrir las necesidades de todo el hospital.

Del discurso político, a la realidad del sistema de salud

Mientras el discurso oficial sugiere una transición hacia un sistema de salud de primer mundo, los pasillos del Balbuena cuentan otra historia. Los médicos enfrentan no solo la precariedad, sino también la frustración de los familiares.

Carencia de insumos: No hay soluciones, medicamentos básicos ni reactivos para estudios.

Gasto de bolsillo: Los pacientes, a menudo de bajos recursos, son obligados a pagar ultrasonidos y tomografías en laboratorios privados para no morir.

Impacto humano: El personal confirma que se pierden “bastantes vidas” debido a la falta de insumos y estudios diagnósticos.

“Vengan a darse un baño de realidad”, sentencian los especialistas, quienes rechazan tajantemente la comparativa con sistemas de salud europeos. Para ellos, la distancia entre el discurso político y la carencia en las salas de urgencias es un abismo que se mide en vidas humanas.