Estados Unidos y Filipinas acordaron de última hora en Manila ampliar el despliegue de misiles y sistemas no tripulados estadounidenses en el archipiélago asiático a partir de 2026. El anuncio se da en un contexto de crecientes fricciones con China en el mar de China Meridional.

El compromiso fue ratificado durante el cuarto Diálogo Marítimo Bilateral entre ambas naciones, donde reafirmaron su cooperación militar y su postura conjunta sobre libertad de navegación en una de las rutas comerciales más estratégicas del mundo.

¿Qué implica el nuevo acuerdo entre Estados Unidos y Filipinas?

El pacto contempla fortalecer la presencia de tecnología militar avanzada estadounidense en territorio filipino, aunque no se detallaron públicamente los sistemas específicos que serán desplegados.

La medida consolida la alianza de defensa que ambos países mantienen desde 1951 y amplía una cooperación que se ha intensificado en los últimos años.

En 2024, Estados Unidos ya había instalado por primera vez misiles de alcance intermedio en el norte de Filipinas como parte de ejercicios conjuntos, un movimiento que generó protestas diplomáticas de China.

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¿Por qué aumenta la tensión en el mar de China Meridional?

El anuncio ocurre tras maniobras militares recientes entre Filipinas, Estados Unidos y Australia en aguas disputadas. Paralelamente, fuerzas chinas realizaron patrullajes en la zona y cuestionaron la participación de actores externos en el área.

China reclama casi la totalidad del mar de China Meridional, mientras Filipinas y otros países del sudeste asiático sostienen reivindicaciones propias sobre distintas áreas marítimas.

Por esta ruta circula cerca de un tercio del comercio marítimo global, además de concentrar zonas de pesca y potenciales reservas energéticas.

¿Existe riesgo de un conflicto mayor?

Aunque Estados Unidos no mantiene una disputa territorial directa en la región, su tratado de defensa mutua con Filipinas establece compromisos en caso de ataque armado.

El aumento de despliegue militar y los ejercicios conjuntos elevan la presencia estratégica en un espacio donde ya convergen intereses económicos, militares y diplomáticos de gran escala.

Las conversaciones entre Washington y Manila se producen en un momento de redefinición del equilibrio regional, marcado por patrullas navales, ejercicios trilaterales y advertencias públicas entre las partes involucradas.