El panorama de seguridad en territorio nacional ha alcanzado niveles críticos, consolidando un periodo de inseguridad sin precedentes en la historia reciente.

De acuerdo con el análisis “Violencia en México 2015-2025" elaborado por la organización México Evalúa, el país es hoy significativamente más peligroso que hace diez años. Los datos son contundentes: durante el año 2025 se contabilizaron más de 72 mil incidentes vinculados a muertes violentas, lo que equivale a un crecimiento aproximado del 70% en comparación con las estadísticas registradas en 2015.

Una década de retroceso en la seguridad nacional

Este deterioro en la paz pública ha llevado a que indicadores internacionales, como el índice de conflictos de ACLU, mantengan a México en las posiciones más altas de peligrosidad a escala planetaria.

Detrás de esta ola de criminalidad se encuentra, como motor principal, la operatividad de las organizaciones del crimen organizado, cuyas actividades han sumergido a diversas regiones en una crisis de gobernabilidad y riesgo constante para la población.

El impacto del crimen organizado y el alza en feminicidios

El reporte destaca focos rojos en delitos específicos que vulneran a los sectores más frágiles de la sociedad. El feminicidio, por ejemplo, ha experimentado un alza del 68%, mientras que los crímenes contra la vida presentan porcentajes que los especialistas califican de infames.

Un fenómeno particularmente alarmante es el de las muertes violentas cuya naturaleza es difícil de categorizar, las cuales han tenido crecimientos exponenciales que rompen cualquier lógica estadística previa.

Al analizar el comportamiento regional, se revelan indicadores totalmente atípicos que demuestran la magnitud del descontrol en ciertas entidades.

Entidades en crisis: repuntes atípicos en el mapa delictivo

El caso de Tamaulipas destaca por un incremento inverosímil del 36,000% en ciertas categorías delictivas. Una tendencia similar, aunque con cifras distintas, se observó en el estado de Quintana Roo, con un repunte del 27,000%, y en Sonora, donde el alza llegó al 24,000%. Estos números reflejan una ruptura absoluta en los esquemas de prevención y contención del delito en dichas zonas.

La cronología de los registros oficiales permite identificar periodos de aceleración delictiva. Según el informe presentado por Edgar Galicia, fue durante la administración de López Obrador cuando las métricas de criminalidad iniciaron un ascenso sostenido.

En ese lapso, los delitos que atentan directamente contra la vida de las personas se elevaron un 102%, mientras que el fenómeno de las desapariciones forzadas registró un incremento del 89%.

La crisis actual posiciona a la inseguridad en su punto más álgido de la década, dejando una estela de violencia que no solo se refleja en los homicidios, sino en una descomposición generalizada de la protección a la vida. Ante estos datos, México enfrenta el desafío de revertir una tendencia que parece haber desbordado las capacidades institucionales actuales.