Las primeras luces del día revelaron una ciudad distinta. En Guadalajara, el silencio sustituyó al bullicio habitual. Calles desiertas, cortinas abajo y el temor aún flotando en el aire marcaron el amanecer posterior al enfrentamiento que dejó escenas de caos y violencia.
El día después: transporte irregular y ciudadanos aún asustados
Muchas familias decidieron permanecer resguardadas. Las imágenes de vehículos incendiados, tiendas atacadas y detonaciones todavía estaban frescas en la memoria colectiva. El llamado “código rojo” transformó la rutina de miles.
Víctor lo vivió en primera fila. El día que cayó “El Mencho”, trabajaba al volante y documentaba lo que ocurría. “Varias veces vi sacar la vuelta porque estaban quemando un Oxxo, estaban quemando una moto, estaban bajando a unas personas”, relató. Su trayecto habitual se convirtió en un recorrido entre bloqueos y humo.
Al día siguiente, el rostro de la ciudad era otro, pero la tensión seguía presente. Conseguir transporte público fue complicado. “¿Todavía no logras transporte? —No—. ¿Cómo te sientes después de todo lo que ha pasado? Muy cansada y ayer muy asustada”, contó una usuaria mientras esperaba una unidad que no llegaba.
Aeropuerto saturado y vuelos cancelados
En el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, la escena era similar a una sala de espera interminable. Las pantallas mostraban decenas de vuelos cancelados, otros reprogramados y varios más con retrasos indefinidos.
Abajo, la realidad era aún más cruda: pasajeros buscando alimentos, improvisando dormitorios en el piso y tratando de mantener la calma. “¿Esperando vuelo? Sí. ¿A dónde va? A Puerto Vallarta… con la incertidumbre de que quiero llegar a casa”, expresó una mujer. Otra madre, originaria de Cocula, pasó la noche con su hijo en el aeropuerto: “Desvelados, pero aquí estamos… está feo por allá”.
Mientras tanto, algunas gasolineras se convirtieron en oasis para conductores que buscaban cargar combustible y continuar su camino. En contraste, kínderes, primarias y varias escuelas permanecieron cerradas; plazas comerciales lucieron prácticamente vacías.
Comerciantes salieron pese al temor. “Estamos aquí ya en busca de trabajar porque es necesario”, dijo un vendedor. Sin embargo, reconoció que las ventas “se cuentan por pesos”. “Está baja, no hay ventas ahorita. Con todo lo que ha pasado la gente tiene miedo de salir, pero uno tiene que necearla”.
Los hospitales operaron con normalidad, aunque bajo protocolos reforzados. El despliegue del código rojo sumó a 2 mil soldados más en la entidad. Aun así, para muchos habitantes, Jalisco todavía no logra recuperar la normalidad. El miedo, aunque menos visible que el humo del día anterior, sigue presente en cada esquina.