Una deportación que terminó en esperanza para "Eclipse": En medio del desierto de Thomson, Arizona, un perro caminaba solo bajo el sol, como si esperara a alguien que nunca regresaría.

Su mirada triste llamó la atención de Jaime Simpson, una residente de la zona y amante de los animales, quien no imaginaba que ese encuentro cambiaría la vida de ambos.

Deportaron a sus dueños en Arizona

“Hay un perro que anda aquí deambulando; en nuestra zona hay muchos perros callejeros, así que pensamos que tal vez regresaría a su casa”, contó Jaime. Pero los días pasaron y el animal seguía ahí.

“Es hermoso, pero está deambulando solo”. Al preguntar a los vecinos, descubrió la historia detrás de su abandono involuntario: la familia que lo cuidaba había sido deportada y detenida en el patio de su casa.

Según le relataron, sus dueños eran inmigrantes y lo amaban profundamente. Cuando las autoridades llegaron, el perro estaba dentro del hogar. Al escuchar sus ladridos y llanto, abrieron la puerta y el animal salió, sin comprender que sería la última vez que vería a su familia.

De acuerdo con CNN, Jaime, quien también es entrenadora de perros, decidió llevarlo a un refugio para verificar si tenía microchip o algún registro que permitiera localizar a sus antiguos dueños, pero no encontraron información. “Solo verlo en este estado, se veía triste”, recordó. Cuando le preguntaron si pensaba quedárselo, respondió sin dudar: “Sí, por supuesto”.

Ya en su nuevo hogar, el perro, a quien llamó "Eclipse", no solo mostraba un comportamiento reservado y solitario, sino que además necesitó tratamiento médico por una infección respiratoria.

El nombre, explicó Jaime, simboliza un fenómeno astronómico donde, incluso en la oscuridad, la luz sigue presente.

La esperanza que encontró "Eclipse" con su nueva familia

Con el paso de los días, Jaime notó algo peculiar: "Eclipse" no respondía a órdenes en inglés. Fue su esposo, de origen mexicano, quien sugirió hablarle en español. “Le dije ‘siéntate’, y en cuanto lo dije se sentó”, contó sorprendida.

Después probaron otras órdenes y el perro reaccionó de inmediato. Incluso, al escuchar un silbido característico que sus antiguos dueños hacían, corrió hacia ellos. Todo indicaba que entendía perfectamente el idioma en el que había sido criado.

Jaime intentó localizar a la familia sin éxito. Los vecinos le dijeron que cuando fueron detenidos ya sabían que cumplirían con la orden y se despidieron como pudieron. "Eclipse" quedó atrás, sin comprender la ausencia.

Hoy, meses después, aquel perro tímido y desconfiado es mucho más sociable y cariñoso. Su historia no solo habla de pérdida, sino también de segundas oportunidades. En medio de la oscuridad que marcó su pasado, "Eclipse" encontró nuevamente un hogar donde la luz volvió a brillar.