La intención de Donald Trump de adquirir Groenlandia ha escalado de un deseo político a una posibilidad militar. Este martes, la secretaria de prensa Karoline Leavitt confirmó que el gobierno está analizando "diversas opciones" para este fin. Lo más impactante fue su declaración a la cadena CNBC, donde afirmó que el uso de las fuerzas armadas estadounidenses es una herramienta que el presidente tiene a su disposición para lograr este objetivo.

Para la administración Trump, la isla ya no es solo un territorio de interés comercial, sino una pieza clave para la defensa ante las actividades de Rusia y China en el Ártico.

Cómo respondió Europa ante "amenazas" de Trump

La respuesta desde Europa ha sido unánime y contundente. Líderes de potencias como Reino Unido, Francia, Alemania y España se unieron a Dinamarca para dejar claro que Groenlandia no es una mercancía.

En un comunicado conjunto, señalaron que solo Dinamarca y la propia isla tienen el poder de decidir sobre su futuro.

La Primera Ministra danesa, Mette Frederiksen , lanzó una advertencia que pone a temblar la diplomacia mundial: cualquier ataque de Estados Unidos para tomar el territorio significaría, automáticamente, el fin de la OTAN.

Trump se justifica: Necesitan Groenlandia por "seugirdad nacional"

El equipo de Trump sostiene que la "seguridad nacional" es la razón principal detrás de esta presión. El presidente insiste en que Estados Unidos "necesita" ese territorio por su ubicación estratégica.

Esta postura de "mano dura" se ha intensificado tras la reciente operación militar en Venezuela, donde las tropas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro.

Ese antecedente ha encendido las alarmas en Europa, pues temen que la Casa Blanca aplique una estrategia similar de intervención directa con un aliado histórico.

Posibles grieta en la OTAN

El conflicto por Groenlandia está provocando una crisis de confianza nunca antes vista dentro de la alianza militar. Mientras Washington ve la isla como un derecho de protección, sus aliados europeos ven la amenaza del uso de la fuerza como una violación a la soberanía de un país socio.

Nunca antes el control de un territorio ártico había puesto en duda la supervivencia de la unión entre Estados Unidos y sus aliados europeos, quienes ahora se mantienen en alerta ante los próximos pasos de la Casa Blanca.