Un grupo de dobles de Bad Bunny convirtió una taquería de San Francisco en el escenario de una competencia tan inesperada como divertida, en la antesala del Super Bowl 2026.

Vestidos con los característicos outfits del cantante puertorriqueño (lentes oscuros, bigote, gorras y actitud relajada) decenas de participantes se dieron cita para demostrar quién lograba parecerse más al intérprete de Tití me preguntó.

El evento, que rápidamente se volvió viral en redes sociales, mezcló tacos, música y humor, y confirmó que el fenómeno Bad Bunny sigue cruzando fronteras y generando tendencia incluso fuera de los escenarios.

¿En qué consistió el concurso de dobles de Bad Bunny?

La dinámica fue sencilla: los asistentes desfilaron frente al público y un jurado improvisado para mostrar su mejor versión del “Conejo Malo”. No se trataba solo del parecido físico, sino de capturar la esencia del artista: estilo, actitud y presencia.

El ganador se llevó premios simbólicos y, sobre todo, el aplauso del público, que celebró cada aparición entre risas, fotos y videos que rápidamente comenzaron a circular en plataformas como TikTok e Instagram.

Un evento muy divertido previo al Super Bowl 2026

La competencia se realizó días antes del Super Bowl 2026, un contexto que ayudó a amplificar su impacto. San Francisco, sede del evento deportivo, se llenó de actividades paralelas, y este concurso destacó por su tono relajado y su conexión con la cultura pop latina.

Para muchos asistentes, fue una forma de sumarse a la fiesta del Super Bowl 2026 desde otro ángulo: el del entretenimiento, la música y la identidad cultural.

Bad Bunny y su impacto cultural

Más allá del tono festivo, el concurso también refleja cómo la figura de Bad Bunny ha trascendido la música para convertirse en un referente cultural con peso político, especialmente entre audiencias jóvenes y comunidades latinas en Estados Unidos.

Bad Bunny ha sido abiertamente crítico de temas como la gentrificación en Puerto Rico, la desigualdad social y el papel de la clase política en la isla, posicionamientos que lo han colocado como una voz incómoda para algunos sectores, pero influyente para otros.

Su imagen genera identificación más allá del espectáculo: no es solo un ícono, sino una figura que conecta música, identidad y postura pública.