Entre fosas y negligencia se escapa la salud de quienes buscan a un ser querido. No es solo un hogar vacío o una familia rota; es la factura física y emocional que cobra la ausencia. En Guerrero, la búsqueda de la verdad ha transformado el día a día de mujeres como Socorro y Samantha en una batalla contra enfermedades crónicas y el desgaste emocional.

Para Socorro Gil Guzmán, madre de Jonathan Guadalupe Romero Gil —desaparecido el 5 de diciembre de 2018—, la tragedia se manifestó en su propio cuerpo. “A mí me dio diabetes a partir de la desaparición de mi hijo, y la verdad no me la he podido controlar por mucho que me esfuerzo”, relata Socorro, quien desde hace siete años vive con una enfermedad que atribuye directamente al impacto de la pérdida.

Secuelas que traspasan generaciones

El caso de Samantha Colón, quien busca a su esposo Iván, muestra que el trauma no conoce límites de edad. A los pocos meses de la desaparición, Samantha terminó en el hospital para una intervención de urgencia en la vesícula. Sin embargo, lo más impactante fue el efecto en sus hijas pequeñas.

“Tuvieron un desgaste fuerte en su dentadura, se le empezaron a caer los dientes a ambas niñas... como a los 7 u 8 meses que Iván desapareció", narra Samantha, evidenciando cómo el estrés postraumático afectó incluso el desarrollo físico de las menores.

El agotamiento de la esperanza

Expertos en salud mental confirman que este fenómeno no es aislado. La psicoterapeuta Violeta Hernández explica que la desaparición de un familiar genera mella a nivel psicológico profundo: “Se presenta la depresión, esta tristeza profunda, la pérdida de sentido y desesperanza; hay un agotamiento emocional”.

A esto se suma el cansancio físico extremo por las jornadas de búsqueda, lesiones por caídas en campo y trastornos de ansiedad que se vuelven parte de la identidad de las buscadoras. Además del daño físico, las familias enfrentan una crisis económica, ya que en muchos casos, la persona desaparecida era el principal sostén del hogar.

En Guerrero, las cifras oficiales de la Secretaría de Gobernación reportan 4 mil 523 personas desaparecidas o no localizadas. No obstante, detrás de los números están Socorro y Samantha, mexicanas que, a pesar del deterioro de su salud, mantienen un solo clamor: encontrar a sus familiares.