Cuba volvió a quedarse a oscuras. Cuando la isla apenas intentaba levantarse del apagón nacional de hace unos días, el sistema eléctrico volvió a desplomarse y dejó a millones de personas atrapadas en una crisis que ya no parece accidente, sino síntoma de un país exhausto.

El nuevo colapso llegó este sábado, apenas una semana después del anterior, y volvió a exhibir una red eléctrica envejecida, frágil y cada vez más incapaz de sostener la vida cotidiana de la población. En Cuba, la falta de luz ya no solo interrumpe rutinas: arruina alimentos, paraliza servicios y multiplica la desesperación de familias enteras.

Lo que está pasando en la isla va más allá de una falla técnica. El segundo apagón en Cuba revela el tamaño de una crisis acumulada por años, con plantas deterioradas, falta de combustible y una economía sin margen para reparar lo esencial.

¿Qué pasó con el primer apagón y por qué el segundo agrava la crisis?

Apenas el 16 de marzo, Cuba había sufrido otro colapso eléctrico nacional. Reuters informó que aquella caída dejó a la isla sin luz por alrededor de 29 horas, antes de que el servicio comenzara a reconectarse de forma gradual.

Ese episodio ya había dejado claro que la red seguía operando al límite. Hasta ese momento se trataba del tercer gran apagón en cuatro meses, en medio de una crisis energética y económica cada vez más profunda.

Por eso este segundo colapso en solo una semana pega distinto: no se percibe como un tropiezo aislado, sino como la confirmación de que el sistema eléctrico cubano está atrapado en una espiral de fallas, remiendos y vulnerabilidad estructural.

El colapso eléctrico exhibe el desgaste del modelo cubano

El nuevo apagón exhibe el desgaste de un aparato estatal que no ha logrado garantizar un servicio esencial para toda la población. Cuando un país entero puede caer dos veces en una semana por una desconexión total, el problema ya no es solo energético: es de gobernabilidad y de capacidad real de respuesta.

La gravedad del momento se entiende mejor con el contexto de los últimos meses. El apagón del 16 de marzo fue el tercero de gran escala en cuatro meses. La isla enfrenta una combinación de infraestructura obsoleta y severa escasez de combustible.

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