Lo que debió ser una jornada de unidad, debate democrático y fortalecimiento institucional para el Partido del Trabajo (PT) en Veracruz el pasado sábado 7 de marzo, terminó convertida en un escenario de confrontación física y verbal. Durante la celebración de su Congreso Estatal, los militantes protagonizaron una serie de altercados que evidenciaro las fracturas internas por el control del partido. El evento, diseñado para renovar los cuadros directivos, colapsó cuando las bases estallaron en reclamos contra lo que calificaron como una imposición sistemática y el uso del "dedazo".

El conflicto escaló rápidamente cuando un grupo de delegados y militantes de diversas regiones del estado interrumpió el orden del día. Los inconformes acusaron directamente a la cúpula estatal y nacional de haber "planchado" una planilla única sin tomar en cuenta las propuestas de las bases municipales. Lo que comenzó como consignas de "¡Fraude!" y "¡Justicia!" pronto dio paso a los empujones en el pasillo central, jaloneos por el control del micrófono en el estrado y un ambiente de hostilidad que obligó a muchos asistentes a abandonar el recinto para resguardar su integridad física.

La ruptura por la dirigencia estatal del PT

El punto de quiebre fue la presentación de los nombres que integrarían la nueva dirigencia estatal. Según los manifestantes, el proceso fue una simulación orquestada desde la Ciudad de México para mantener el control de las prerrogativas y las decisiones estratégicas en Veracruz sin pasar por el filtro de la militancia real. "Nos citaron para avalar una decisión que ya estaba tomada en un escritorio; aquí no hay democracia, hay un manejo opaco de unos cuantos", sentenció uno de los coordinadores distritales que encabezó la protesta antes de que el ruido impidiera cualquier comunicación.

La confrontación física, aunque contenida por momentos, dejó una imagen de desorden que fractura la imagen del partido rumbo a los procesos electorales que se avecinan. El intercambio de agresiones verbales y los encaramientos directos a los líderes en el presídium fueron las constantes de una asamblea que no pudo concluir de manera formal bajo los estándares de institucionalidad esperados. A pesar de los intentos de los organizadores por minimizar el incidente, el nivel de descontento sugiere que una parte importante de la estructura del PT en Veracruz podría entrar en una etapa de inactividad política o migrar hacia otras fuerzas ante la falta de apertura.

Un escenario de impugnación legal

Tras los incidentes, el sector disidente del PT advirtió que no reconocerá a ningún dirigente que haya surgido de esta jornada. Anunciaron que llevarán el caso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para impugnar la validez del congreso, argumentando violaciones graves a los estatutos internos y la ausencia de condiciones para una votación libre. Por su parte, el grupo oficialista intentó defender la legalidad del acto, aunque la falta de consenso quedó documentada en múltiples grabaciones realizadas por los propios asistentes.

Este episodio deja al PT de Veracruz en una posición de vulnerabilidad política. En un 2026 donde las coaliciones exigen partidos sólidos y disciplinados, la exhibición de violencia y los reclamos por la imposición de perfiles ponen en duda si el partido tendrá la cohesión necesaria para participar como un aliado confiable o si la pugna por la dirigencia estatal terminará por desarticular sus bases en el estado.