El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) opera hoy entre el caos de pasillos cerrados, saturación de pasajeros y obras que expertos califican como simples “manitas de gato” estéticas. Pese a una inversión de más de 8 mil millones de pesos, los usuarios enfrentan condiciones peligrosas, polvo y falta de servicios reales, ya que la mayor parte de los ingresos del aeropuerto no se destinan a mantenimiento, sino a pagar la deuda por la cancelación del proyecto de Texcoco.

Con miras a los próximos eventos mundialistas, la principal puerta de entrada al país sobrevive con recursos escasos y una infraestructura que se cae a pedazos, obligando a los viajeros a armarse de paciencia ante un sistema que no logra descongestionar el espacio aéreo ni mejorar la experiencia en las terminales.

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