En lo alto de la sierra de Sonora, Bacadéhuachi vivió por unos años lo que parecía un milagro económico. En 2017, la llegada de ingenieros, maquinaria y empresas sacudió la rutina de este pequeño pueblo. La razón: ahí se había encontrado el mayor yacimiento de litio de América Latina, con reservas estimadas en 243 millones de toneladas, uno de los más grandes del mundo.

Para sus habitantes, el litio no era solo un mineral: era la esperanza de trabajo, comercio y una vida distinta.

El litio que prometía cambiarlo todo en Sonora

Tiendas, fondas y pequeños negocios comenzaron a surgir. Gente que había migrado regresó con la idea de aprovechar la bonanza. Algunos invirtieron sus ahorros, otros levantaron hoteles y casas para oficinas. El pueblo, por primera vez en décadas, se sentía vivo.

“Pensamos que iba a llegar más gente, más trabajo, más movimiento”, recuerda Teresa Galar, vecina de Bacadéhuachi. Y no era solo una ilusión: ya se habían invertido más de 255 millones de pesos en trabajos de exploración.

La decisión que frenó el sueño en Bacadéhuachi

Pero en 2023 todo cambió. La nacionalización del litio, impulsada desde el gobierno federal, puso un freno total al proyecto. La nueva regla fue clara: nadie podía explotar el litio salvo el Estado.

El problema es que, tras el anuncio, los trabajos se detuvieron de golpe. La empresa que ya operaba, incluso con participación extranjera, suspendió actividades. La maquinaria se fue. Los ingenieros desaparecieron. Y el dinero dejó de circular.

Calles vacías y negocios cerrados en Bacadéhuachi, Sonora

Hoy, Bacadéhuachi luce muy distinto. Calles solas, caminos abandonados y construcciones a medias son el reflejo de una promesa incumplida. Isabel Valenzuela, comerciante del lugar, lo resume así: “El gobierno se quedó con el proyecto y ya no siguió… todo se paró”.

Muchos habitantes tuvieron que irse otra vez. Otros se quedaron esperando algo que no llega.

Óscar Madrid fue uno de los que apostó por el futuro. Con sus ahorros construyó un pequeño hotel, pensando en trabajadores y visitantes. Hoy vive en Arizona. Desde allá, la decepción sigue pesando.

“Invertimos todo porque nos pidieron infraestructura… y al final la riqueza se quedó enterrada”, cuenta. Como él, otros modificaron casas, levantaron locales y pidieron préstamos que hoy siguen pagando.

La riqueza que sigue bajo tierra en Sonora

En la zona donde se hicieron los trabajos de exploración, el silencio lo dice todo. Caminos sin tránsito y terrenos vacíos marcan el lugar donde estaría la mina. Ahí, el litio permanece intacto, mientras en otros países ya es clave para autos eléctricos y tecnología.

Para los habitantes, el golpe no fue solo económico, fue emocional. Se jugó con la esperanza de una región olvidada durante décadas. Ricardo Valenzuela lo dice sin rodeos: “El pueblo está solo… no hay de qué mantenerse”.

Bacadéhuachi sigue ahí, con el litio bajo sus pies y la sensación de que la prosperidad estuvo tan cerca… y se fue por una decisión tomada lejos de la sierra.