Mientras el país enfrenta una espiral de violencia, crisis institucional y carencias profundas, una narrativa incómoda se abre paso: la distancia cada vez mayor entre el discurso de austeridad del poder y la realidad de quienes hoy lo ejercen.

Mineros asesinados en Concordia, turistas desaparecidos en Mazatlán, señalamientos de alcaldes vinculados con el crimen organizado y un sistema de salud rebasado dibujan un panorama nacional alarmante. Sin embargo, en la cúpula política, el mensaje parece otro.

Austeridad como consigna… no como práctica en México

Desde los micrófonos y las conferencias, la dirigencia nacional de Morena insiste en la austeridad como principio rector. La presidenta del partido, Luisa Alcalde, ha llamado públicamente a evitar los excesos, incluso cuando “se tengan los recursos”, apelando a una ética política que, en teoría, debería marcar diferencia frente a gobiernos del pasado.

No obstante, fuera del discurso, la austeridad no solo se diluye: desaparece. Las imágenes, los viajes y los festejos de alto nivel contrastan brutalmente con la narrativa oficial.

Festejos VIP y silencio institucional: La realidad que se vive en Puebla

Uno de los casos más recientes es el de la delegada de Morena en Puebla, Natalia Suárez del Real, quien celebró su cumpleaños en un hotel de lujo, rodeada de champaña y comodidades propias de la élite. La escena se viralizó rápidamente, rompiendo el mito de la sobriedad que el partido presume. A pesar de ello, no hubo consecuencias políticas ni administrativas.

Desde el propio gobierno estatal, voces oficiales minimizaron el hecho, asegurando que no existió ninguna conducta indebida. El mensaje fue claro: la imagen pública importa menos que la lealtad interna.

Prendas, autos y restaurantes de alto nivel

El listado de contradicciones crece. Prendas de vestir con precios superiores a los 40 mil pesos, vehículos valuados en millones y recorridos constantes por restaurantes exclusivos forman parte del nuevo paisaje del poder. Incluso figuras clave del partido han sido captadas en espacios que poco tienen que ver con la “vida austera” que promueven.

Analistas señalan que estas prácticas no son errores aislados, sino síntomas de una pérdida de liderazgo moral. La incongruencia, advierten, erosiona no solo la credibilidad del partido, sino su capacidad para exigir sacrificios a una población golpeada por la pobreza y la inseguridad.

El contagio del poder y la prepotencia

La falta de austeridad no se limita a Morena. Partidos aliados también reproducen actitudes de soberbia y abuso, como quedó evidenciado en recientes enfrentamientos entre funcionarios y autoridades locales tras incidentes viales. El poder, lejos de asumirse con responsabilidad, se ejerce desde el privilegio.

Casi 40 millones de mexicanos viven en pobreza. Para ellos, el lujo no es una elección moral, sino una realidad inalcanzable. La crítica central no es el éxito personal, sino la hipocresía: llegar al poder denunciando excesos y terminar abrazándolos.

Hoy, más que nunca, el contraste entre el México que sufre y el México que gobierna se vuelve imposible de ignorar. Y esa fractura, advierten expertos, puede costar más que una imagen: puede costar legitimidad.