¿Cuántos más tienen que morir por hacer frente a la delincuencia? La noche del 12 de enero, se reportó el asesinato del médico veterinario, Sergio Hernández Romero, en la comunidad de San Damián Texóloc, Tlaxcala .
Primeros reportes indicaron que el hombre había desaparecido cuando pastoreaba su ganado, pero más tarde fue encontrado sin vida y con signos de violencia.
¿Qué pasó con el veterinario Sergio Hernández Romero?
De acuerdo con fuentes locales, Sergio fue atacado tras resistirse al robo de entre seis y ocho cabezas de ganado, sin que los animales fueran recuperados.
Su cuerpo fue localizado por su esposa en terrenos cercanos a la carretera Tlaxcala-Texoloc, un área límite con San Diego Metepec.
Al encontrar a su pareja, la mujer alertó al 911, iniciando un operativo en la zona que incluyó a la Policía Municipal, Secretaría de Seguridad Ciudadana y Guardia Nacional.
No obstante, paramédicos del CRUMT confirmaron el fallecimiento, tras detectar al menos dos impactos de bala en el pecho
El cuerpo fue trasladado por peritos del INCIFO para la necropsia. Pero como de costumbre, por este caso no hay personas detenidas, aunque la Fiscalía de Tlaxcala informó que ya se abrió una carpeta de investigación.
Veterinarios piden justicia en Tlaxcala
Por la brutalidad de los hechos, la noticia del asesinato no tardó en hacerse viral. En redes sociales, familiares y colegas expresaron su dolor, asegurando que el crimen no puede quedar impune.
“Lamentamos la pérdida del médico veterinario Sergio Hernández Romero, egresado de la UATx, quien fue reportado como desaparecido y posteriormente encontrado asesinado entre los terrenos donde pastoreaba su ganado. Nuestro más sincero pésame a su familia. El gremio veterinario está de luto.”
Sergio era ampliamente reconocido en la región, por lo que su muerte vuelve a poner en evidencia que ni médicos ni otros profesionales están a salvo frente a la violencia del país.
Por su parte, el SINAMVET Sección 8 condenó el homicidio, denunciando la impunidad que golpea al sector rural, sin que ninguna autoridad levante la voz.