La violencia armada protagonizada por menores de edad sumó un nuevo y trágico capítulo esta madrugada, ahora en el Estado de México. Un adolescente de apenas 15 años, identificado como José Emilio, se entregó a la policía municipal de Toluca tras confesar que acababa de asesinar a tiros a su propio padre y a su hermano mayor.

Los hechos ocurrieron al interior de un domicilio ubicado en la zona de Cacalomacán, en la delegación Seminario 2 de marzo. De acuerdo con el reporte oficial, el propio José Emilio se acercó a los uniformados que patrullaban el área y les confesó que, tras una fuerte discusión familiar, sacó un arma de fuego y disparó contra sus familiares.

Al llegar a la vivienda, los paramédicos y policías confirmaron la tragedia: el padre, de 50 años, y el hermano, de 29, presentaban heridas por proyectil de arma de fuego y ya no contaban con signos vitales. La Fiscalía mexiquense acordonó la zona para iniciar la carpeta de investigación, mientras que el menor fue detenido y puesto a disposición de las autoridades especializadas en justicia para adolescentes, quienes definirán su situación legal en las próximas horas.

El caso Jeremy y la epidemia de menores violentos ante la omisión oficial

El doble homicidio en Toluca no es un caso aislado, sino el reflejo de una crisis de violencia descontrolada que está escalando entre los adolescentes, ante la total inacción de las autoridades.

El mismo nivel de agresividad extrema se vivió apenas días antes en la Ciudad de México con el caso de Jeremy, otro joven de 15 años que hoy se debate entre la vida y la muerte. Jeremy fue apuñalado afuera de su escuela, la Secundaria 324 "Alfonso Caso Andrade" en Tláhuac. ¿Su agresor? Otro menor de tan solo 14 años que ahora se encuentra detenido.

Estos crímenes exponen el absoluto fracaso de los protocolos preventivos. En las escuelas, los profesores y directivos han optado por la omisión, permitiendo que las agresiones escalen sin control. Tan solo en la CDMX, el bullying y la violencia escolar han aumentado un 60%, sin que la Secretaría de Educación Pública o las autoridades de seguridad implementen medidas reales, como la revisión de mochilas o programas de contención psicológica.

Mientras las instituciones miran hacia otro lado, los adolescentes están tomando las armas, sabiendo que el sistema de justicia para menores rara vez impone castigos severos, pero hoy, familias de Toluca y Tláhuac pagan el precio de esta negligencia.