Lo que para muchos era un secreto a voces terminó por confirmarse con un golpe seco en el Senado: Adán Augusto López dejó de ser el coordinador de la bancada de Morena. Su caída no fue discreta; ocurrió entre susurros de pasillo y gritos de la oposición que lo vinculan con grupos delictivos.

Mientras el tabasqueño llegaba al recinto ya sin el poder de su cargo, su sucesor, Ignacio Mier, recorría el lugar entre abrazos, marcando el inicio de una nueva etapa bajo la mirada atenta de aliados y rivales.

Oposición exige cuentas: “Nexos con el crimen organizado”

Alejandro “Alito” Moreno , líder nacional del PRI, fue el primero en soltar la artillería pesada. Aseguró que la salida de Adán Augusto no es un simple cambio administrativo, sino la prueba de hechos claros que lo ligan a grupos delictivos como “La Barredora” .

Moreno fue tajante al señalar que el gobierno ha solapado a “narcopolíticos” y exigió que el excoordinador no solo pierda el cargo, sino que sea investigado formalmente para que responda por los señalamientos que lo persiguen desde su natal Tabasco.

Los aliados matizan: ¿Decisión propia o castigo presidencial?

Ante el ruido de una posible purga, los aliados estratégicos salieron a “enfriar” la situación. Manuel Velasco, coordinador del Partido Verde, se apresuró a decir que la presidenta no tuvo nada que ver en la destitución. Según Velasco, fue un movimiento interno de los senadores guindas.

Sin embargo, en el círculo político se dice que Adán Augusto se había vuelto una “piedra en el zapato” difícil de ignorar, obligando a los socios de Morena a cerrar filas con la mandataria y distanciarse del ahora exlíder.

Ignacio Mier intenta apagar el fuego de la división

El nuevo capitán del grupo, Ignacio Mier, entró al quite con un discurso de unidad. Ante las preguntas insistentes de la prensa sobre si hubo una votación unánime para correr a Adán Augusto, Mier negó que existiera una fractura. Aseguró que el grupo está “muy sólido y consistente”, aunque el ambiente tenso que retrasó el inicio de la sesión general del Congreso contaba una historia distinta.

Mier hereda un grupo que, aunque mayoritario, arrastra las sombras de la gestión anterior.

Un adiós marcado por la impunidad y las dudas

La caída de Adán Augusto López reavivó el descontento de quienes aseguran que desde las más altas esferas se ha protegido a funcionarios señalados. Para la oposición, el hecho de que Morena cambie de piezas sin que se inicien procesos legales es una muestra de impunidad.

“Este es un gobierno que no investiga a los suyos”, sentenció “Alito” Moreno, dejando claro que el bloque opositor no quitará el dedo del renglón hasta ver al tabasqueño dando explicaciones frente a un juez.

¿Qué sigue para el equilibrio de poder en el Congreso?

El reto de Ignacio Mier será ver si el nuevo coordinador logra sacudirse el estigma que dejó su antecesor y si puede mantener la disciplina en una bancada que quedó sacudida por este movimiento.

Por ahora, Adán Augusto conserva su escaño, pero su peso político ha recibido un golpe del que difícilmente se recuperará pronto.