Aunque el régimen morenista alegaba estar listo para enfrentar la pandemia, a seis años de distancia eso queda completamente descartado. El 30 de marzo de 2020 fue cuando el gobierno federal decretó la emergencia sanitaria por Covid-19. Mientras el entonces presidente mostraba estampitas para protegerse y un funcionario de salud alegaba que habría “sólo” 60 mil muertos”, la historia nunca la contaron completa.
Esta era una tragedia evitable, pero el gobierno prefirió dedicarse a inundar con propaganda, mientras los ciudadanos se quedaban sin ayuda y morían en las calles.
Cronología de la emergencia sanitaria: del decreto de 2020 al balance de 2026
La cifra oficial se estanca en 334 mil muertes. Sin embargo, al revisar las actas de defunción reales del bNacional de Geografía (INEGI), el número asciende a más de 511 mil. En tanto que al medir el exceso total de mortalidad, el impacto supera las 800 mil personas. No se trata de un detalle técnico. Marca la distancia entre una simple estadística y el dolor latente de cientos de miles de familias mexicanas. El Estado les dio la espalda.
Errores de AMLO en la pandemia: abrazos, estampitas y rechazo a cubrebocas que costaron vidas
Mientras que la Organización Mundial de la Salud pedía a todos los gobiernos del orbe promover el uso de cubrebocas para reducir la transmisión del coronavirus, el gobierno de México prefirió ensalzar al representante del Poder Ejecutivo.
Andrés Manuel López Obrador minimizó la peor crisis sanitaria del siglo, cuando México necesitaba claridad. Él declaraba: “Hay que abrazarse. No pasa nada”. Mientras su gobierno pedía sana distancia, López Obrador continuaba giras por todo el país, comía en carreteras, abrazaba gente y presumía protección con una estampita de un santo: “Detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”. Esto representó una bofetada a la ciencia y al sentido común.
Seis años del “paciente cero": El día que el miedo entró a México por el primer caso de COVID-19
El papel de López-Gatell y las críticas a la estrategia científica
En tanto, Hugo López-Gatell, entonces subsecretario de Promoción de la Salud, recibió el apodo de “doctor Muerte”. Su estrategia resultó política, no científica, al afirmar: “La fuerza del presidente es moral. No es una fuerza de contagio”.
Desaconsejó cubrebocas para no contradecir al jefe y operó un modelo ciego que frenó pruebas masivas, ya que alegaba que “no sirve de nada” saber si el resultado de efectuar pruebas masivas de coronavirus “es positivo o negativo”. Estudios como el de la Universidad de California lo confirman. Su negligencia y soberbia costaron casi 200 mil vidas que se pudieron salvar.
Lecciones de la pandemia en México: negligencia y memoria colectiva
Esta historia no concluye en una mañanera. Termina en nombres ausentes en familias destruidas. En México, la pandemia no fue solo una tragedia sanitaria mundial. Se agravó por malas decisiones, mensajes contradictorios y conducción política que nunca igualó el dolor causado.
Hoy, quienes heredaron el poder piden amnesia. Exigen aplaudir la continuidad de un proyecto construido sobre negligencia. Se paran frente a micrófonos y repiten: “No somos iguales a los de antes”. Tienen razón: nadie antes jugó con 800 mil vidas, ocultó cifras para proteger su imagen y exigió gracias a las víctimas. Resultaron peores.