Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujeres, durante las movilizaciones del 8M en México, especialistas y autoridades advierten sobre una nueva forma de agresión: la violencia digital impulsada por inteligencia artificial, que ya incluye deepfakes, suplantación de identidad y acoso automatizado.

Deepfakes sexuales y violencia digital con IA contra mujeres en México

Una de las amenazas que más preocupa en el 8M México es el uso de inteligencia artificial para crear deepfakes, contenidos falsos que utilizan imágenes reales para generar videos o fotografías manipuladas.

¿Qué son los deepfakes?

Los deepfakes son imágenes, audios o videos creados con inteligencia artificial que imitan el rostro, la voz o los gestos de una persona; con estas herramientas es posible hacer que alguien parezca decir o hacer algo que nunca ocurrió.

En el caso de las mujeres, esta tecnología se ha utilizado para crear contenido íntimo falso, colocando sus rostros en videos o fotografías sexuales generadas digitalmente. La víctima muchas veces descubre el material cuando ya circula en redes sociales o sitios web.

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"El 95 por ciento de las imágenes o videos manipulados mediante IA para simular contenido sexual no consentido (deepfakes) representa a mujeres, lo que refleja cómo la tecnología profundiza formas específicas de violencia de género y cómo el rápido auge de la inteligencia artificial tiene importantes consecuencias para la violencia contra las mujeres y las niñas", detalló un informe de las Naciones Unidas.

Cifras alarmantes en aumento por contenido con IA

Las consecuencias para las mujeres pueden ser graves. La difusión de deepfakes sexuales puede provocar daños a la reputación, afectaciones emocionales, acoso en redes sociales e incluso amenazas.

Especialistas advierten que estas agresiones suelen dirigirse contra mujeres jóvenes, profesionistas, activistas o figuras públicas, ya que su presencia digital facilita la obtención de imágenes para manipular.

Las cifras oficiales dimensionan el problema. En 2024, alrededor de 18.9 millones de personas en México sufrieron ciberacoso, y más de la mitad de las víctimas fueron mujeres, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Entre ellas, 10.6 millones de mujeres mexicanas reportaron haber sufrido violencia digital, lo que incluye amenazas, suplantación de identidad, mensajes agresivos o difusión de contenido íntimo sin consentimiento.

El problema también muestra diferencias por género. En México, 22.2 % de las mujeres usuarias de internet han experimentado ciberacoso, una proporción mayor que la registrada entre hombres.

Además, los datos muestran que la violencia digital afecta especialmente a las mujeres jóvenes. Entre las usuarias de internet de 20 a 29 años, más del 31 % reportó haber sufrido ciberacoso, la cifra más alta entre todos los grupos de edad.

Acoso con inteligencia artificial: el nuevo riesgo digital que enfrentan mujeres en México

Además de los deepfakes, la inteligencia artificial también está siendo utilizada para crear nuevas formas de acoso contra mujeres.

Entre las prácticas más detectadas por especialistas se encuentran:

  • Clonación de voz para engañar o extorsionar
  • Perfiles falsos generados con IA para manipular conversaciones
  • Bots que envían mensajes ofensivos o amenazas
  • Estafas románticas, donde identidades ficticias buscan manipular emocionalmente a las víctimas

El propio INEGI señala que una de las formas más comunes de ciberacoso en México es el contacto mediante identidades falsas, lo que refleja cómo la suplantación de identidad se ha convertido en una herramienta frecuente para hostigar a mujeres.

¿Qué dice la ley en México?

En México, la Ley Olimpia reconoce la violencia digital como delito y sanciona la difusión de contenido íntimo sin consentimiento.

Esta legislación surgió tras la lucha de activistas y organizaciones de mujeres y actualmente se encuentra incorporada en el Código Penal de la mayoría de los estados del país.

La ley permite denunciar la difusión de imágenes íntimas, amenazas o acoso digital, incluso cuando el contenido ha sido manipulado o distribuido en internet.