Parece que en la política mexicana hay quienes piensan que el tiempo lo borra todo, pero los números no mienten y la indignación tampoco. Mientras desde los micrófonos oficiales se intenta tapar el sol con un dedo, una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) ha puesto nombre y apellido al que podría ser el mayor escándalo de desvío de recursos en lo que va del sexenio. No es solo el robo de combustible, es una red de “huachicol fiscal” que ha sangrado al erario por cantidades que marean a cualquiera.

Marlaya: la empresa de los 30 mil millones relacionada al huachicol fiscal

De acuerdo con Leonardo Núñez, investigador de MCCI, se ha identificado a la compañía Marlaya SA de CV como la pieza central de un rompecabezas millonario. En una sola gestión, esta empresa habría generado un boquete de casi 30 mil millones de pesos al Estado mexicano.

Para dimensionar la tragedia: es el mayor recurso desviado en una sola acción del que se tenga registro en la historia reciente, superando por mucho otros escándalos del pasado que tanto se criticaron.

Del contrabando a las pistas del AIFA

Lo más cínico de esta red no es solo cómo metían el combustible al país sin pagar impuestos, sino quién terminó comprándolo. Según las investigaciones, el rastro del combustible ilegal llega hasta las obras del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). Sí, leyó bien: el mismo gobierno que prometió acabar con el huachicol terminó comprando insumos a esta red de contrabando, alimentando con dinero público una estructura de empresas fantasma que operaban a plena luz del día.

Huachicol fiscal, Rancho Izaguirre y Teuchitlán

Pero nadie opera solo en este negocio. La investigación implica directamente a José Isabel Murguía Santiago, hermano del exalcalde de Teuchitlán, Jalisco, junto con varios miembros de su familia. El rastro lleva hasta el tristemente célebre Rancho Izaguirre, un sitio conocido no solo por el almacenamiento de combustible, sino por oscuros esquemas de reclutamiento y tragedias que han marcado a la región.

El huachicol fiscal no solo es un robo de impuestos, es una red vinculada a la violencia más profunda.

¿Dónde están Andy, Adán y la vigilancia de Palacio?

La pregunta que flota en el aire es: ¿cómo pudo pasar esto sin que nadie se diera cuenta? Los críticos señalan que es imposible que una operación de este tamaño, que involucra a personajes cercanos al círculo de poder como Andy López Beltrán o Adán Augusto López, pasara desapercibida para el presidente.

Mientras en las mañaneras se apuesta al olvido y se presume “honestidad”, la realidad del contrabando les estalla en la cara todos los días con facturas falsas y cuentas bancarias que no dejan de crecer.

El huachicol fiscal: la nueva mina de oro

A diferencia del huachicol tradicional (el que pica tubos), el huachicol fiscal es mucho más limpio para los delincuentes de cuello blanco. Se trata de meter gasolina y diesel por las aduanas haciéndolos pasar por otros productos para no pagar el IEPS. Es un negocio redondo donde ganan los empresarios cómplices y los políticos que cuidan las fronteras.

Al final, los 30 mil millones que faltan son hospitales y escuelas que no se construyeron, mientras los involucrados esperan sentados a que la gente se olvide del tema.