Ventaneando celebra tres décadas al aire y, con ello, una historia que ni sus propios protagonistas imaginaron tan larga. Lo que comenzó como un piloto grabado en diciembre de 1995 terminó convirtiéndose en uno de los programas más emblemáticos de la televisión mexicana, marcado por anécdotas, trabajo constante y una complicidad que solo el tiempo construye.

Las anécdotas que marcan a Ventaneando

Durante esta gira conmemorativa por los 30 años, Pedrito Sola reconocen que, en ocasiones, la magnitud del recorrido apenas se asimila. Ver imágenes del pasado provoca sorpresa, risas y también nostalgia.

La ropa, por ejemplo, se vuelve un símbolo del paso del tiempo: prendas que ya no existen, suéteres que se regalaron y momentos que quedaron registrados para siempre en pantalla.

Pedro Sola recuerda con claridad los primeros pasos del proyecto. Tras grabar el piloto y algunos programas de prueba, jamás pensó que la aventura duraría tanto.

De hecho, su expectativa inicial era que el programa se mantuviera apenas unos meses, lo suficiente para cambiar de coche. Hoy, tres décadas después, esa frase se vuelve una anécdota más dentro de una trayectoria que lo ha acompañado prácticamente toda su vida profesional.

Las historias marcaron a todos los integrantes de Ventaneando

Otros integrantes destacan que, aunque algunos se incorporaron formalmente años después, el trabajo detrás de cámaras siempre estuvo presente: coberturas, suplencias, enlaces en vivo y jornadas que no siempre se ven reflejadas frente a las cámaras.

El programa, coinciden, es mucho más que sentarse en una silla; implica calle, información, preparación y una lectura constante del guion completo para llegar listos al aire.

A pesar del tiempo compartido, la sorpresa sigue presente. Las miradas, los silencios, los regaños en cabina y los comentarios escritos en el guion forman parte de una dinámica viva, donde la confianza no elimina lo inesperado.

Incluso después de tantos años, un “rapidito” a destiempo o una indicación desde producción aún puede provocar un susto.

Ventaneando no solo ha sido un espacio de espectáculos, sino también una escuela de trabajo y convivencia. Treinta años después, el programa sigue avanzando, celebrando su historia mientras sus protagonistas confirman que, aunque el tiempo pasa, la esencia permanece.